Toponimias, evocaciones y buenos deseos

Me he tomado un ligero respiro como "blogger", un poco por indecisión y otro poco por perplejidad, además de la habitual falta de tiempo. La perplejidad ha sido por una noticia, creo que positiva y por lo menos agradable, que me comunicaron la semana pasada; la indecisión porque no me atrevía a hacerla pública en este pequeño foro. Al final, he pensado que los que entráis a fisgar en mi cuaderno sois los cuatro de confianza, que seguro que ya la conocéis.
Dos toponimias. La primera, Anaya, para los iberovasquistas, lógicamente del vasco anai-, "hermano", que en la época de la repoblación de estas castillas se usaba como tratamiento fraternal entre compañeros de armas; para los arabistas de un término que significa "laguna". La segunda, Ibi, para los iberovasquistas, lógicamente, del vasco ibi, "vado"; ilirio o ligur para otros... Para mí Anaya es el pueblo de mi padre, donde viví mis primeros años y donde residen ya para siempre mis más lejanos recuerdos. Uno de aquellos recuerdos es el de mi primer coche de juguete, un Renault 4-4 de hojalata, de color verde oliva, reproducción exacta del coche que mi padre se había comprado de segunda o tercera mano unos meses antes; su matrícula era M-163931. No recuerdo el número de la del mío, pero sí que empezaba por IBI-. Yo les pregunté a mis padres de qué provincia era esa matrícula, porque ya empezaba yo a hacerme mis dichosas bases de datos y las tres letras no me casaban más que con Ibiza, que, claro está, sabía que no era una provincia. Mi madre me explicó que era de la tierra de los juguetes, de una tierra que estaba en el Levante, que venía a ser un poco, a escala española, como el Oriente, de donde los Reyes Magos nos traían los juguetes cada año, entonces –por lo menos a nuestra casa– no tan abundantes como ahora. Como diría la voz en off de los Alcántara, en aquella España de mil novecientos sesenta y poco, para nuestra familia de pobres mesetarios un poco pazguatos, Ibi era el lejano Oriente.
Va por delante todo este párrafo de evocaciones y de falsa erudición (he tenido que consultar como siempre a Asín Palacios, a Corominas y a Menéndez Pidal) para ilustrar y justificar lo que os tengo que decir: que el día 6 de Enero debo estar en Ibi, Alicante, recogiendo el 2º premio del XXV certamen de literatura infantil Vila d'Ibi, que patrocina el Grupo editorial Anaya. Que no sabía cómo decíroslo y que qué mejores excusas que las literarias. Bueno, que estoy contento por ello y que espero que pronto veamos publicado este mi primer atrevimiento en el mundo de la literatura; humilde, sí, pero literatura al fin. Y luego, más.
Yo he empezado este año con una buena noticia y espero que siga en ese tono. A todos vosotros os deseo que vuestro 2007 no sea peor que el mío.
